Normalmente me olvido de lo que tengo que olvidar. Un simple olor me trae todos los recuerdos necesarios para que me fallen las piernas. Me gustaría poder apagarme, es decir, poder apretar un botón y que todas las preocupaciones se desvanecieran. Sensaciones, gestos, tonos de voz o el color de los ojos. En mi cabeza todo tiene un significado. Cada detalle corre por mis venas. Un hecho sin importancia es capaz de arruinarme la vida. Será que soy inmadura. Puede que aun me quede mucho que aprender. Lo único que tengo claro es que no necesito ayuda. Quiero ser quien soy sin que nadie me de instrucciones. Somos libres y siempre lo seremos.
Si entre los dedos se me escapa volando una flor, yo la dejo que me marque el camino.
domingo, 30 de septiembre de 2012
No puedo.
Que estoy harta de caerme y de que no haya otro resultado distinto a sentir dolor. Dolor por una pérdida, por un futuro imposible o por un sentimiento desenfrenado que cuando menos te lo esperas te hará estallar en mil pedazos. Muchos sabréis de lo que hablo. Esa sensación de que se te corta la respiración cuando te abraza. Esa maravillosa sensación y esas sonrisas que te sacan que no pueden ser más amplias. Que ya está, que estoy harta de todo y dan ganas de mandar todo a la mierda...Pero no, esta vez no. Voy a ser fuerte y a luchar por lo que más me importa en el mundo, porque si no lo hago yo, ¿quién lo va a hacer? Así que prepárate pequeño, porque no me rendiré nunca. Porque algún día serás mío y todo ese dolor y todas esas caídas, todo eso habrá valido la pena. Así que no, esta vez no me rindo. Si me caigo me levanto y sigo intentándolo. Rendirse ya no es una opción.
(Escrito por Iria Surís)
sábado, 22 de septiembre de 2012
-veintidós pasos
Hermanas de hechos, no de sangre. Mucho más que eso. Formas parte de mi, de mi cabeza, de las mariposas de mi estómago y de mi corazón. Un abrazo y parar el mundo. Una risa y destruir planetas. Tenemos el control. Juntas somos fuertes. Recuerda que nada ni nadie puede cambiar esto. Nunca. A si que no te preocupes. Cerremos los ojos y busquemos en la memoria. Recuerda todo lo vivido y piensa en lo que nos queda por vivir. No te agobies. Deja que todo fluya. Las cosas pasan porque tienen que pasar. Las personas cambian, el tiempo pasa. Ya llega otro día. Otro veintidós. Tú estás lejos, y que? Siempre voy a estar a tu lado: a veintidós pasos. Ya te lo he dicho. No lo olvides.
sábado, 8 de septiembre de 2012
A distancia
Momentos de debilidad. Pensar en todo, que el mundo se te cae encima. Estallar. Romperte en mil pedazos. No ser capaz de controlarte a ti mismo ni de ver la salida. Tus sentimientos te superan y tus ojos se empañan a la primera de cambio. Antes de darte cuenta estás en el suelo, esperando que alguien te rescate-
Entonces llega esa llamada. Te aferras a ella y la utilizas como bote salvavidas. Porque eso es lo que hace, te salva la vida. Consigue ponerte los pies en el suelo, abrazarte, acariciarte y decirte que todo va a salir bien. Te saca una sonrisa y te seca las lágrimas. Una llamada como ésta, en el momento oportuno, es una de las mejores cosas que puede hacer alguien por ti.
-gracias
lunes, 3 de septiembre de 2012
Papiroflexia en el aire
Ella se levantó. Entre suspiros entrecortados caminaba por
la habitación. Se acercó a la ventana y la abrió. El viento acarició su cara.
Sonrió. Era feliz. Todo era perfecto, siempre lo había sido. Sabía lo que tenía
que hacer, no lo dudó ni una vez, pero sería muy difícil despedirse. Tendría
que decir adiós a las largas tardes en la playa, a los perfumes, a las miradas
cortantes, a su casa, a sus calcetines, a sus amigos más amigos, a sus amigos
menos amigos, a su familia, a su pecera con su pez, a las vacaciones, a el amor,
a sentir, a el mar, a las caricias y a los besos. Todo quedaría reducido a
nada. No serían ni cenizas, ni polvo. Simplemente para ella dejarían de
existir. Mientras todo esto se le pasaba por la cabeza, poco a poco se acercó a
balcón. Tenía calor pero estaba temblando. Se agarró firmemente a la
barandilla. Sentía como le fallaban las piernas. Cerró los ojos. Volvió a
sonreír. Entonces fue cuando de verdad creyó en sí misma. Ella tenía el
control. Solo ella podía tomar decisiones y solo ella podía saber que era lo
mejor. Empezó a tararear. Pero no una canción cualquiera, sino su canción. La
única canción que le llenaba de la cabeza a los pies. Su cuerpo se balanceaba
involuntariamente al ritmo de esta música. Sin parar de cantar, se sentó en la
barandilla. Estaba fría, pero ella no lo notó. Seguía sumergida en aquel tipo
de trance musical, del que no tardó demasiado en salir. En cuanto lo hizo se le
borró la sonrisa alegre y en su lugar apareció una sonrisa fría y distante. Los
ojos se le llenaron de lágrimas que no tardaron demasiado en deslizarse por sus
mejillas. En un par de segundos tomó la decisión más valiente de su vida. Soltó
las manos y saltó para volar.
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