Un instante. Un segundo, o menos, quien sabe. Un momento en el que no eres capaz de controlarte, un momento en el que de repente algo se activa. No se lo que es, muchos afirman que pueden explicarlo, que todo son matemáticas y números; pero, sinceramente, yo creo que no todo es así. Lo que le da verdadero sentido a las cosas, es el mero hecho de no tener sentido. En ese momento dicho, algo entra en contacto. Algo se une o se separa, lo importante es que algo cambia. Notas como no tienes control sobre nada; no pasa nada por tu cabeza; no sabes cuales son tus pies, tus manos o tu ombligo. Simplemente te encuentras quieto, parado, inmóvil, y te limitas a buscar motivos de sonrisa con la mirada. El instante, el segundo, parpadeas lentamente mirando a la nada, y sonríes. Sonríes por todo lo bueno que te ha pasado, y te sientes afortunado. Sonríes también por todo lo malo, ya que sigues ahí, y nadie ha sido capaz de acabar contigo. Sonríes por todo y por nada a la vez. Es en ese momento, cuando te das cuenta de la verdad, del sentido, y de tu verdadera utopía.
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